En una ocasión, una joven me contó que se había acostado con su novio. Le dije, «pues ya lo sabes, eres una esclava», me miró con los ojos muy abiertos, reaccionó: «tiene usted razón. Ayer conversando con el me di cuenta de que el no está comprometido conmigo, mientras que yo sí. Lo he notado, yo no quiero salir y conocer a nadie más después de lo que hemos hecho, pero él si ¡Basta de sexo!».
Otra joven tenía miedo de decir a su novio que ya no se acostaría más con él. Tenía miedo de que rompiera con ella. Por fin sé lo dijo y él no rompió. Después de algunas citas más, ella decidió que no le amaba y terminó la relación. Mientras se acostaban; ella no veía lo mala que era su relación porque intentaba salvarla por todos los medios. Cuando dio marcha atrás y fue capaz de mirarlo objetivamente, se dio cuenta de lo desgraciada que era.
Todo eso indica algo que la sabiduría ha repetido durante siglos: las mujeres son las que más pierden en las relaciones prematrimoniales En términos modernos, la llamada revolución sexual ha sido mala para todos; pero las mujeres han llevado la peor parte.
¿Por qué ha sido tan dañina la revolución sexual para las mujeres? Cuando una mujer se acuesta con un hombre establece con él unos lazos afectivos y se siente comprometida con él porque es más equilibrada. Es un hecho propio de las mujeres, la naturaleza ha previsto esta característica como uno don necesario para su papel de madre. En cambio, un hombre no se siente necesariamente comprometido cuanto practica el sexo con una mujer. Se establece por tanto una relación en la que una persona está comprometida y la otra no. La mujer tiende a soportar el mal comportamiento del hombre porque no desea dejarle y encontrar a otro. El hombre, si cede a su peor carácter, tiende a ser más y más despreocupado por el modo en que la trata, porque se da cuenta dé qué ella lo aceptará. Ojo, no se trata de chicos malos, es algo del subconsciente, el hombre reaccionará naturalmente así. Y el resultado suele ser que el hombre empieza a ver en la mujer sólo un instrumento de placer.
El hombre por naturaleza tiende más a lo físico y con facilidad se puede dejar llevar por la pasión. Pero si la pasión se convierte en el único ingrediente de la relación el resultado será una relación “utilitarista” de te uso y me usas. La atracción del placer y de la voluptuosidad reemplaza entonces a la visión de una verdadera felicidad. Entonces es cuando el amor se reduce con más facilidad a la satisfacción de las “necesidades”del cuerpo. La mera sensualidad no es amor e incluso puede muy fácilmente convertirse en su contrario.
Hay que poner las cosas claras. Basta de sexo antes del matrimonio. Aprenderse a quererse. Y si no está dispuesto es que él o que ella no valen la pena. Encontrarás a alguien que te quiera a ti por lo que realmente vales.
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