Con el paso de los años y de la supuesta evolución o modernización del hombre, valores tan importantes han sido olvidados, por eso el epíteto de “supuesta evolución”. ¿Qué es el hombre?... No es sólo la suma de cuerpo y de espíritu a la que hay que satisfacer cada vez que se antoje. La persona humana es un ser superior, dotado de alma espiritual. Por esto es que el hombre goza de dignidad y de las diferentes dimensiones del hombre, entre ellas, ser un ser sexuado, afectivo, libre e inteligente..
De modo que, ¿por qué la afirmación de que a lo largo de los años, el hombre no ha evolucionado en verdad? porque su “desarrollo” no ha sido total. El crecimiento cómo persona se ha dejado de lado, tal vez por ser el más difícil para la voluntad, y siendo éste el más importante. En vez de progresar la sexualidad de una persona, que es ser varón o mujer en cada caso, la forma de ser masculina y femenina desde que nacemos, representada en las dimensiones dialogal, de reciprocidad y complementariedad, se ha degradado la misma a una conducta, o a un simple apetito que no tiene ni fondo: que sería una base afectiva; ni trascendencia: al haber banalizado su valor.
En vez de hablar sobre las diferentes modalidades que se ha dado al
sexo, o a la sexualidad banalizada, será mejor indicar lo que
está bien y lo que debería ser elevado a doctrina social
y general, no sólo para católicos sino para todas las
personas, que es una antropología sexual orientada a desarrollar
una sexualidad inteligente en base al amor humano.
Una Antropología Sexual
1El hombre y la mujer son seres sexuados, (somos, no poseemos sexualidad), y ha sido así desde el principio de los tiempos al habernos creado, Dios, varón y mujer para vivir en comunión.
2 “El sexo, más que una cuestión morfológica, más que una cuestión de figura y de apariencia, es una manera de ser y de estar en el mundo, de ser-ahí y de ser uno mismo con los otros.
3 La sexualidad nos identifica como hombres o mujeres, en todo aspecto: biológico, psicológeico y espiritual. Desarrolla nuestra individualidad y por otro lado, nuestra relación con la sociedad y con Dios.
4 La sexualidad nos guía por el camino del encuentro inter- e intrapersonal, no sólo físico.
5 La sexualidad debe considerarla como es: un misterio íntimo que requiere de autoconocimiento, autodominio y un saber interdisciplinar.
6 Por el lado de la dimensión biológica, la sexualidad no está reducida a los ciclos reproductivos y es sobreabundante, pero lo malo de esto es que se ha abusado y caído en el despilfarro. Biológicamente, la sexualidad conlleva cuidados y ternura y reclama la permanencia de los progenitores.
7 En cuanto a la psicológica, la sexualidad es la fuerza de integración personal y de interpretación del crecimiento del propio yo de cada ser humano. Es la que motiva a encontrar la respuesta a la pregunta ¿quién soy yo?
8 La sexualidad forma parte del lenguaje y del modo en que se comunica una persona. Si se realiza sexo por mero placer, hay un desajuste por no existir veracidad entre el signo y el significado por falta de la interioridad afectiva y la comunión. Se da una desproporción entre lo físico, lo emocional, lo afectivo y espiritual.
9 La sexualidad es la que forma a la pareja, por ende a las familias y sociedades. De allí su importancia a nivel sociocultural.
10 La dimensión existencial radica en que la sexualidad en un modo de ser personal, es el crecimiento como persona más profundo del ser humano como tal, y con los demás.
11 Una de las dimensiones más olvidadas de la sexualidad, es la mistérica. La sexualidad ha perdido su valor. Ésta, más allá de sacralizaciones, tabúes o ritos, es una expresión de la intimidad de hombres y mujeres.
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